lunes, 9 de agosto de 2010

Somos un chin… y seremos más…

Fuimos muchos a la marcha en favor de la vida de los periodistas

 
El sábado 7 de agosto pasado se reunieron en el Ángel de la Independencia por lo menos dos mil periodistas de toda suerte de fuentes informativas. El objetivo de tal reunión era la solidaridad de todos para hacer constar que no deseamos topar con un comunicador muerto más.



Caras de harto conocidas como son las del maestro Miguel Ángel Granados Chapa, Froylán López Narváez, Jorge Menéndez o Ricardo Rocha se mezclaron con creativos muy populares entre la juventud como eran Gabriela Warkenting de Ibero 90.9, Mario Campos de Antena Radio o los combativos redactores de La Jornada.



Los responsables de las radios comunitarias mundiales como es Aleida Calleja marcharon con la memoria de la muerte de Felicitas García; tal y como los organizadores de esta manifestación que decidieron dejar atrás sus nombres, sus apellidos conocidos y sus imágenes populares para aparecer sólo como periodistas, periodistas oprimidos por los poderes sociales, por los delincuentes, por las sociedades escépticas y lo peor: por los individuos que olvidan que el informador es su voz misma en la comunidad.



He de confesar que caminar en silencio frente a mis compañeros, ser tan desconocida como ellos, tan conocedora como ellos y tan observada como todos los marchantes, me llevó a toda suerte de sensaciones.



El complicado ejercicio de ser la nota, ejercer la toma de nota y además dar testimonio de los sucesos se conjugaron, periodistas gráficos de todo el país y de medios informativos internacionales caminaban dentro y a las orillas de la marcha, graficándolo sucedido allí, en el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, pero también en la banqueta, donde los reporteros narraban lo vivido por los reporteros.



Este juego de espejos pareció ser satisfactorio como pacífico. Fuimos silenciosos, claros, convencidos de pedir respeto, de exigir justicia, pero sobre todo, de dar respaldo solidario a las familias de los periodistas muertos, de los periodistas que hemos sido desplazados de las fuentes de trabajo, de los medios tradicionales, e incluso, apegados al respeto de cualquier ideología, fuente de labor y claro, de idiosincrasia diferente.



Al finalizar un mitin silencioso, que sólo clamó ¡Ni un muerto más! Con lo que se dio paso a la entrega de un documento que expresa nuestro deseo de que se haga justicia en cada uno de los sucesos violentos que han acaecido sobre nuestros compañeros de labor.



Lo sucedido luego… he de confesar fue… lo que un periodista llamaría, la nota detrás de la nota y es que, Jorge Meléndez que estaba solito con su adorada mujer Rosita en la cantina La Transatlántica, fue testigo de cómo uno a uno, empezamos a “caer” los demás periodistas, yo del brazo de mi amadísimo y admirado profesor Froylán López Narváez, y Lilia Silvia Hernández de los de la Jornada, Tantos, nombres, caras, vivencias que coincidimos en una sola voz: ¡ni uno más, ni un muerto más por la opresión de la delincuencia y por la opresión de las autoridades que se olvidan y solapan que los periodistas seamos la carne del cañón de los poderes fácticos, de los poderes e intereses económicos y lo más triste; los oprimidos de una sociedad que pide ser informada, pero que nos ve con desprecio, porque supone –erróneamente, claro- que somos los chismosos, los buscapleitos, los denunciantes, los metiches… somos los informadores del acontecer diario… esos somos los periodistas, no los portadores de armas para defendernos, no los que vejan a una víctima, sino los que hacemos constar lo sucedido…



Fue una buena marcha, fue una grata tarde en la Cantina La Trasatlántica, ¡bueno eso… eso digo yo!

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